La división del trabajo pedagógico: "Maestras", "Profesores" y el mandato de género

La construcción del rol docente: Entre el cuidado y la especialización

La nomenclatura que utilizamos en el sistema educativo no es inocente. Una niña ingresa a la escuela primaria y nombra a quien enseña como “mi maestra”. Años más tarde, al ingresar a la secundaria, pasa a nombrar a sus docentes como “mis profes”.

Esta transición terminológica es la huella de una división histórica del trabajo:

  • El término Maestra/o: históricamente asociado al ámbito de la afectividad, la contención socioemocional, la paciencia y la maternidad extendida (“la segunda madre”). Una labor percibida socialmente más cerca del mandato de entrega vocacional que de la calificación técnica salarial.
  • El término Profesor/a: históricamente asociado al dominio disciplinar, la especialización académica, el control del contenido y el reconocimiento profesional evaluativo.
Maestra/oProfesor/a
Cuidado y pacienciaEspecialización técnica
Matriz vocacionalProfesionalización
Desvalorización salarialMayor reconocimiento

Esta separación promovió una escala de valores socio-laboral donde las tareas asociadas al cuidado y a las primeras infancias sufrieron una histórica minusvaloración salarial y simbólica. Cuando la profesión docente se piensa desde la “entrega abnegada”, la exigencia de condiciones dignas de trabajo o el ejercicio del derecho a huelga son culpabilizados bajo la premisa patriarcal de que “con los chicos no se experimenta”.

El machismo internalizado como freno a la organización colectiva

El mandato de género internalizado opera como un dispositivo de control laboral. La culpa por faltar, el sobretrabajo no remunerado llevado a la casa y la asunción individual de carencias edilicias o de insumos son formas en las que la precarización se enmascara de “amor a la profesión”.

«El patriarcado prefiere docentes agotadas, culpables y aisladas en sus aulas, antes que trabajadoras organizadas reclamando paritarias y presupuestos en la calle.»