Economía circular: reparar también es conocer

La cultura tecnológica dominante está atravesada por una lógica de consumo acelerado. Comprar. Actualizar. Reemplazar. Descartar. Volver a comprar.

La obsolescencia programada no solamente afecta nuestros bolsillos. También construye una relación cultural con los objetos: cuando algo deja de ser nuevo, parece dejar de tener valor.

La escuela puede discutir esa lógica. Un equipo viejo no necesariamente es un equipo inútil. Una computadora que ya no puede ejecutar los programas más recientes puede seguir siendo útil para otras tareas.

Reparar requiere conocer. Mantener requiere comprender. Reutilizar exige imaginar nuevas posibilidades. Modificar una herramienta implica apropiarse de ella.

La economía circular, aplicada a la tecnología escolar, puede convertirse en una experiencia pedagógica. No se trata solamente de ahorrar dinero. Se trata de enseñar que las cosas pueden tener más de una vida y que el valor de un objeto no depende exclusivamente de su novedad comercial.

También implica discutir las condiciones materiales. No podemos convertir la reparación voluntaria en una nueva obligación para docentes que ya trabajan sin tiempo ni recursos suficientes. La soberanía tecnológica no se construye con voluntarismo. Necesita presupuesto, formación, infraestructura, tiempo institucional y organización colectiva.