Una nena sale de la escuela. En casa dice: "Mi maestra me dijo…" Años después dice: "Mi profe explicó…" Nadie le enseñó cuándo cambiar de palabra. Todos lo saben.
"Maestra" suena a cuidado, a vocación, a paciencia.
"Profesor" suena a especialización, a control, a evaluación.
¿Por qué la sociedad jerarquiza estas palabras?
¿Por qué el trabajo de acompañar el crecimiento integral de un ser humano se asocia a la entrega, mientras que dominar un campo específico y validar conocimientos se asocia a la profesionalización?
¿Cómo reproducimos, hombres y mujeres, esta escala de valores que desprecia el cuidado y sobrevalora el control?
¿Quién decidió que enseñar a leer y a convivir es menos "profesional" que enseñar una disciplina?
¿Qué idea sobre la distribución del poder sigue viva dentro de las palabras que usamos para nombrar a quien enseña?
Alguien en el fondo levantó la mano para preguntar.
2 — Esperando el timbre
Suena el timbre.
Todos dejan lo que hacen.
La conversación recién empezaba.
El experimento no había terminado.
Alguien estaba a punto de entender algo.
Nadie discute con el timbre.
¿Por qué el tiempo del aprendizaje se mide con el mismo mecanismo que el tiempo de una fábrica?
¿Quién decidió que la enseñanza debía fragmentarse en porciones iguales, aunque el entendimiento no se fragmenta?
¿Qué problema resolvía el timbre cuando apareció?
¿Ese problema sigue existiendo?
¿Qué enseña la escuela con cada timbre?
Alguien en el fondo levantó la mano para preguntar.
3 — Tik-tak
Entran a primer grado.
Todos tienen seis años.
Un año después siguen juntos.
Algunos ya leen novelas.
Otros todavía descifran sílabas.
Nadie se pregunta por qué están juntos.
¿Por qué se agrupa por edad y no por interés, por proyecto o por curiosidad?
¿Quién decidió que la capacidad de aprender depende de la fecha de nacimiento?
¿Qué pasa con los que aprenden más rápido?
¿Y con los que aprenden distinto?
¿El sistema está hecho para que todos aprendan o para que todos pasen al mismo tiempo?
¿Qué problema resolvía la homogeneidad por edad... y qué problemas creó?
Alguien en el fondo levantó la mano para preguntar.
4 — El curioso caso del ocho perfecto
Una niña aprendió mucho durante el año.
Preguntó. Se equivocó. Descubrió.
Ayudó a otros.
En diciembre recibe una nota. Es un número.
¿Qué parte del aprendizaje cabe en una nota?
¿La curiosidad, la perseverancia, la capacidad de explicar, la ayuda a otros, la duda?
¿Quién decidió que una pregunta no vale lo mismo que una respuesta?
Si la nota no mide lo que aprendiste, entonces: ¿qué está midiendo?
Alguien en el fondo levantó la mano para preguntar.
5 — Linda y obediente
El inspector entra.
Todos se ponen de pie.
El director lo recibe con respeto excesivo.
Nadie pregunta por qué.
¿Por qué en el aula se aprende a obedecer antes que a preguntar?
¿Por qué el docente sabe más, incluso cuando no sabe?
¿Por qué la autoridad se asocia con la distancia y no con la confianza?
¿Es posible enseñar sin imponer?
¿Qué tipo de autoridad estamos ejerciendo cuando enseñamos?
Alguien en el fondo levantó la mano para preguntar.
6 — No lo digas
No figura en el diseño curricular. Pero se aprende igual.
El timbre enseña obediencia al tiempo.
Las filas enseñan orden sin discusión.
El permiso para ir al baño enseña que el cuerpo debe ser controlado.
El boletín enseña que el error se paga.
El recreo enseña que el descanso es un premio, no un derecho.
¿Qué hay en esa enseñanza que nunca se menciona?
¿Qué está aprendiendo un estudiante mientras la escuela cree que está enseñando otra cosa?
Si la escuela enseña incluso cuando no habla, ¿qué responsabilidad tenemos sobre ese silencio?
Alguien en el fondo levantó la mano para preguntar.
7 — Ponele la firma
La jornada termina. Los chicos ya se fueron.
Una maestra permanece sentada frente a su escritorio.
Sobre la mesa hay cuadernos, una carpeta de aula, una planificación, registros de seguimiento, observaciones, planillas.
Escribe. Borra. Vuelve a escribir.
Al día siguiente, mientras los alumnos trabajan en grupos, la directora hojea la carpeta. No mira el aula. Mira las hojas.
— Acá falta la firma.
La maestra firma. Un alumno levanta la mano. Ella tarda unos segundos en verlo.
ArchivoLa escuela primaria moderna nació junto con los Estados nacionales. Durante mucho tiempo, el trabajo de las maestras fue pensado menos como el ejercicio de una profesión autónoma que como una tarea de vigilancia moral y formación de hábitos. Esa historia dejó huellas. Mientras otras formas de enseñanza fueron ganando márgenes crecientes de autonomía profesional, la escuela primaria conservó numerosos dispositivos cotidianos de registro, supervisión y control. Muchos sobrevivieron a los cambios pedagógicos, tecnológicos e incluso políticos.
¿Por qué una maestra necesita demostrar cada día, por escrito, que hizo su trabajo?
¿Por qué el registro cotidiano es tan diferente entre la escuela primaria y la secundaria?
¿Qué idea sobre quien enseña permanece escondida detrás de una carpeta que debe completarse, firmarse y exhibirse?
¿Cuándo una herramienta pensada para organizar el trabajo comienza a expresar desconfianza hacia quien trabaja?
¿Quién revisa periódicamente estos dispositivos para preguntarse si todavía cumplen el propósito con el que fueron creados?
¿Puede una escuela formar ciudadanos capaces de cuestionar las reglas mientras conserva reglas que nadie parece sentirse autorizado a cuestionar?
Las normas también tienen historia.
Algunas nacieron para cuidar. Otras para controlar.
A veces siguen haciendo ambas cosas.
A veces ya no sabemos cuál de las dos.
Alguien en el fondo levantó la mano para preguntar.
8 — ¿Revisaste tu jerarquía?
Un docente tiene delante una vieja acta paritaria. Busca su cargo. Después busca otro. Compara.
Hay una columna de porcentajes.
Debajo, nombres de cargos que parecen pertenecer a escuelas diferentes:
Maestro de grado. Maestro de actividades prácticas. Maestro de educación musical.
Preceptor. Profesor. Director. Supervisor.
Alguien pregunta quién decidió cuánto vale cada uno.
La respuesta es siempre la misma: el nomenclador. Nadie recuerda quién decidió el nomenclador.
El docente sigue mirando la tabla. En algún renglón, un profesor gana más que una directora que conduce la escuela entera. Nadie en la sala parece sorprendida. Ya lo sabían. Simplemente nunca lo habían dicho en voz alta.
Buena parte de esa escala se armó cuando el profesorado de nivel medio estaba ligado a la universidad, pensado para una secundaria enciclopedista y selectiva, mientras el magisterio de nivel primario pedía título secundario, para un nivel obligatorio y de contención. Esa distinción de origen cambió hace décadas. La escala salarial que la describía, no.
Quizás esos números no sean solamente números. Quizás cada uno guarde una escuela que alguna vez existió.
¿Quién decidió que una hora de trabajo docente valiera más que otra?
¿Qué diferencias se consideraron cuando se construyeron esas categorías?
¿Siguen existiendo esas diferencias?
¿Qué queda de una escuela en un nomenclador cuando esa escuela ya cambió?
¿Por qué algunas diferencias se revisan y otras se vuelven naturales?
¿Puede haber una diferencia salarial justa sin una historia de jerarquías detrás?
¿Cuánto de nuestro salario corresponde al trabajo que hacemos y cuánto a la escuela que heredamos?
Alguien en el fondo levantó la mano para preguntar.
9 — Todo cambia...
Un reglamento, un diseño curricular, un plan de estudio. Alguien, en algún momento, los escribió. Nadie recuerda quién. Pero todos obedecen.
¿Por qué lo que fue escrito no puede volver a escribirse?
¿Por qué la costumbre pesa más que la evidencia?
¿Y si el problema no fuera la escuela, sino nuestra costumbre de pensar que es la única posible?
Alguien en el fondo levantó la mano para preguntar.
Cierre
Si llegaste hasta aquí, es probable que ninguna de aquellas preguntas sea exactamente la misma.
Eso también ocurre en la escuela.
Las buenas preguntas cambian mientras las pensamos. Se mezclan con otras experiencias, encuentran excepciones, incomodan algunas certezas y, a veces, terminan señalando un problema distinto del que parecía al principio.
Por eso este libro no termina con una respuesta.
Sería una forma extraña de cerrar un recorrido construido alrededor de preguntas.
Quizá descubras que algunas de las prácticas que encontraste en estas páginas merecen seguir como están. Quizá otras te parezcan difíciles de sostener. Y quizá aparezcan preguntas que este libro nunca formuló.
Ojalá sea así.
Porque las instituciones cambian cuando alguien se anima a preguntar por aquello que todos daban por resuelto.
No hace falta tener todas las respuestas para empezar.
Alcanza con negarse a aceptar que "siempre fue así" sea el final de una conversación.
Ojalá estas páginas hayan servido para eso.
No para convencerte.
Apenas para acompañarte...
...mientras levantás, otra vez, la mano.
Alguien en el fondo levantó la mano para preguntar.